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Il Premier è stato eletto direttamente dal popolo?

11 ottobre 2009

Oggi, alla Festa del PDL di Benevento, Silvio Berlusconi ha affermato di non credere che “si possa consentire di rivolgere infamie, improperi, insulti e volgarità a un premier eletto direttamente dal popolo”.

Lasciando perdere il merito di tali infamie, improperi, insulti e volgarità, proviamo a vedere nei fatti e nei numeri se sia effettivamente un premier eletto dal popolo.

Sul sito del Ministero dell’Interno non è stato possibile reperire le cifre dei voti di preferenza degli eletti alle Politiche del 2008 e questo malgrado esista un link preciso all’archivio elettorale che, tuttavia, risulta irraggiungibile.

Berlusconi 01

Partiremo allora dalla presunzione che un premier eletto direttamente dal popolo debba, a distanza di un solo anno, ripetere la performance vittoriosa o, quantomeno, ottenere un risultato che non se ne discosti in maniera significativa.

Le Elezioni Europee del 2009.

A fronte di 50.342.153 elettori sono andati effettivamente alle urne in 32.748.675, cioè il 65,05% degli aventi diritto. Allo spoglio sono emerse anche 985.418 schede bianche e 1.108.880 nulle (vanno aggiunte anche 7.749 schede contestate che, comunque, non rientreranno nel computo totale).

I voti validi sono stati quindi 30.654.377, cifra che fa scendere la percentuale di voti utili sul totale degli aventi diritto al 60,89%.

Il PDL ha raccolto un totale di 10.807.794 voti, il 35,26% dei voti utili, mentre Silvio Berlusconi ha ricevuto 2.706.791 preferenze.

L’attuale Presidente del Consiglio, mentre va dicendo di essere stato eletto direttamente dal popolo, afferma pure di avere dalla sua il 68,2% degli italiani.

Le preferenze raccolte nelle elezioni del 6 e 7 giugno 2008, cioè soltanto quattro mesi fa, dicono ben altro. Cioè che:

1)      il miglior presidente del consiglio degli ultimi 150 anni non ha la maggioranza delle preferenze neppure nel suo stesso partito, avendo totalizzato un misero 25,04% di voti sul totale ottenuto dal PDL;

2) il presidente eletto direttamente dal popolo ha ottenuto soltanto l’8,83% dei voti di preferenza sul totale dei voti validi espressi.

Sinceramente ci pare un po’ pochino per poter dire di essere il premier più amato ed eletto per acclamazione dalla stragrande maggioranza degli italiani.

(fonti: Ministero dell’Interno, Dipartimento per gli Affari Interni e Territoriali; Il Giornale, martedì 9 giugno 2009)

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Un logo, un messaggio

8 ottobre 2009

Luca Cordero di Montezemolo, sì, quello della Ferrari, delle magliette da 100 Euro che “chiunque si può permettere”, della Fenech ecc., ha deciso di scendere in campo.

Il suo movimento (non partito, per carità!) si chiama Italia Futura.

Ora, dico io, una delle cose più delicate nel marketing di qualsiasi cosa, da un’idea ad un paio di calzini, da una religione monoteista ad una missione spaziale è senza dubbio la scelta del LOGO che deve esprimere, in maniera istantanea, il più possibile delle caratteristiche salienti di ciò che simboleggia.

Credo che nel caso di Montezemolo, vista soprattutto la sua ipotizzabile dimestichezza con marchi e merchandise vario, siano state innumerevoli le proposte grafiche a lui sottoposte.

Ma allora, perché ha scelto proprio questo?

italiafuturalogo

Se non vi ha fatto saltare sulla sedia subito provate ad allontanarvi di qualche metro finché non lo vedete sfocato, oppure fissatelo per qualche istante da vicino e poi chiudete gli occhi. Cosa vedete?

Se vi sono venute a mente adunate oceaniche, un tizio con un prognatismo accentuato ed una pelata ostentata come segno di ipertestosteronemia ma anche mancanza di libertà fondamentali come quella di espressione e di stampa, beh, allora siamo almeno in due!

Uomini, mezzi uomini, ominicchi, piglianculo e quaquaraquà

7 ottobre 2009

repubblica_italiana_emblema_logoCostituzione della Repubblica Italiana

[…]

Art. 3

Tutti i cittadini hanno pari dignità sociale e sono eguali davanti alla legge, senza distinzione di sesso, di razza, di lingua, di religione, di opinioni politiche, di condizioni personali e sociali.

[…]

Art. 138.

Le leggi di revisione della Costituzione e le altre leggi costituzionali sono adottate da ciascuna Camera con due successive deliberazioni ad intervallo non minore di tre mesi, e sono approvate a maggioranza assoluta dei componenti di ciascuna Camera nella seconda votazione.

Ma come ha potuto, il Presidente Napolitano, firmare prima il lodo Schifani ed in seguito pure il lodo Alfano?

La historia es nuestra

11 settembre 2009

“La historia es nuestra, y los hacen los pueblos”

AllendePagaré con mi vida la defensa de principios que son caros a esta patria. Caerá un baldón sobre aquellos que han vulnerado sus compromisos, faltando a su palabra, roto la doctrina de las Fuerzas Armadas.

El pueblo debe estar alerta y vigilante. No debe dejarse provocar, ni dejarse masacrar, pero también debe defender sus conquistas. Debe defender el derecho a construir con su esfuerzo una vida digna y mejor.

Una palabra para aquellos que llamándose demócratas han estado instigando esta sublevación, para aquellos que diciéndose representantes del pueblo, han estado turbia y torpemente actuando para hacer posible este paso que coloca a Chile en el despeñadero.

En nombre de los más sagrados intereses del pueblo, en nombre de la patria los llamo a ustedes para decirles que tengan fe. La historia no se detiene ni con la represión ni con el crimen Esta es una etapa que será superada, éste es un momento duro y difícil. Es posible que nos aplasten, pero el mañana será del pueblo, será de los trabajadores. La humanidad avanza para la conquista de una vida mejor.

Compatriotas: es posible que silencien las radios, y me despido de ustedes. En estos momentos pasan los aviones. Es posible que nos acribillen. Pero que sepan que aquí estamos, por lo menos con este ejemplo, para señalar que en este país hay hombres que saben cumplir con las obligaciones que tienen. Yo lo haré por mandato del pueblo y por la voluntad consciente de un presidente que tiene la dignidad del cargo.

Quizás sea ésta la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura, sino decepción, y serán ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron.

Soldados de Chile, comandantes en jefe y titulares -al almirante Merino- el general Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su solidaridad y lealtad al gobierno, también se ha denominado director general de Carabineros.

Ultimo AllendeAnte estos hechos sólo me cabe decirle a los trabajadores: Yo no voy a renunciar. Colocado en un tránsito histórico pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos no podrá ser cegada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen, ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

Trabajadores de mi patria: Quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia que empeño su palabra en que respetaría la constitución y la ley, y así lo hizo. Es este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes. Espero que aprovechen la lección. El capital foráneo, el imperialismo, unido a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición: la que les señalo Schneider y que reafirmara el comandante Araya, víctima del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando con mano ajena conquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios. Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra: a la campesina que creyó en nosotros; a la obrera que trabajó más, a la madre que supo de su preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la patria, a los profesionales patriotas, a los que hace días están trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clase para defender también las ventajas de una sociedad capitalista.

Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha; me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente en los atentados terroristas, volando puentes, cortando las vías férreas, destruyendo los oleoductos y los gasoductos, frente al silencio de los que tenían la obligación de proceder, la historia los juzgará.

Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa me seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes, por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la patria. El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.

800px-Lentes_Salvador_AllendeTrabajadores de mi patria: Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres el momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

Viva Chile, viva el pueblo, vivan los trabajadores!

Estas son mis últimas palabras, teniendo la certeza de que el sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una sanción moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.

(Ultima alocución de Salvador Allende transmitida por Radio Magallanes, 11 de septiembre de 1973)


“La storia è nostra e la fanno i popoli”

“Pagherò con la mia vita la difesa di principi che sono cari a questa patria. Cadrà la vergogna su coloro che hanno disatteso i propri impegni, venendo meno alla propria parola, rotto la disciplina delle Forze Armate.

Il popolo deve stare all’erta, vigile. Non deve lasciarsi provocare, nè massacrare, ma deve anche difendere le sue conquiste. Deve difendere il diritto a costruire con il proprio lavoro una vita degna e migliore.

Una parola per quelli che, autoproclamandosi democratici, hanno istigato questa rivolta, per quelli che, definendosi rappresentanti del popolo, hanno tramato in modo stolto e losco per rendere possibile questo passo che spinge il Cile nel baratro.

In nome dei più sacri interessi del popolo, in nome della patria vi chiamo per dirvi di avere fede. La storia non si ferma nè con la repressione nè con il crimine; questa è una tappa che sarà superata, è un momento duro e difficile. È possibile che ci schiaccino, ma il domani sarà del popolo, sarà dei lavoratori. L’umanità avanza per la conquista di una vita migliore.

Compatrioti: è possibile che facciano tacere le radio, e mi accommiato da voi. In questo momento stanno passando gli aerei. È possibile che sparino su di noi. Ma sappiate che siamo qui, per lo meno con questo esempio, per mostrare che in questo paese ci sono uomini che compiono la loro funzione fino in fondo; Io lo farò per mandato del popolo ed a causa della volontà cosciente di un presidente consapevole della dignità dell’incarico. Forse questa sarà l’ultima opportunità che avrò per rivolgermi a voi. Le Forze Aeree hanno bombardato le antenne di radio Portales e di radio Corporacion. Le mie parole non sono amare ma deluse; esse saranno il castigo morale per quelli che hanno tradito il giuramento che fecero.

Soldati del Cile, comandanti in capo ed associati – all’ammiraglio Merino – il generale Mendoza, generale meschino che solo ieri aveva manifestato la sua solidarietà e lealtà al governo, si è nominato comandante generale dei Carabineros.

Di fronte a questi eventi posso solo dire ai lavoratori: io non rinuncerò. Collocato in un passaggio storico pagherò con la mia vita la lealtà al popolo. E vi dico che ho la certezza che il seme che consegnammo alla coscienza degna di migliaia e migliaia di cileni non potrà essere distrutto definitivamente. Hanno la forza, potranno asservirci, ma non si arrestano i processi sociali nè con il crimine nè con la forza.

La storia è nostra e la fanno i popoli.

Lavoratori della mia patria, voglio ringraziarvi per la lealtà che sempre avete avuto, la fiducia che avete riposto in un uomo che è stato solo interprete di grande desiderio di giustizia, che giurò che avrebbe rispettato la costituzione e la legge, così come in realtà ha fatto. In questo momento finale, l’ultimo nel quale io possa rivolgermi a voi, spero che sia chiara la lezione. Il capitale straniero, l’imperialismo, assieme alla reazione ha creato il clima perchè le Forze Armate rompessero la loro tradizione: quella che mostrò Schneider e che avrebbe riaffermato il comandante Araya, vittima di quel settore che oggi starà nelle proprie case sperando di poter conquistare il potere con mano straniera per poter continuare a difendere le proprietà ed i privilegi.

Mi rivolgo, soprattutto, alla semplice donna della nostra terra: alla contadina che ha creduto in noi; all’operaia che ha lavorato di più, alla madre che ha sempre curato i propri figli. Mi rivolgo ai professionisti della patria, ai professionisti patrioti, a coloro che da giorni stanno lavorando contro la rivolta auspicata dagli ordini professionali, ordini di classe che solo vogliono difendere i vantaggi di una società capitalista.

Mi rivolgo alla gioventù, a quelli che hanno cantato e hanno donato la loro allegria ed il loro spirito di lotta; mi rivolgo all’uomo del Cile, all’operaio, al contadino, all’intellettuale, a quelli che saranno perseguitati, perchè nel nostro paese il fascismo è già presente da tempo negli attentati terroristici, facendo saltare ponti, interrompendo le vie ferroviarie, distruggendo oleodotti e gasdotti; di fronte al silenzio di quelli che avevano l’obbligo di intervenire, la storia li giudicherà. Sicuramente radio Magallanes sarà fatta tacere ed il metallo tranquillo della mia voce non vi giungerà. Non importa, continuerete ad ascoltarmi. Sarò sempre vicino a voi, per lo meno il ricordo che avrete di me sarà quello di un uomo degno che fu leale con la patria. Il popolo deve difendersi ma non sacrificarsi. Il popolo non deve lasciarsi sterminare ma non deve farsi umiliare.

Lavoratori della mia patria: ho fiducia nel Cile e nel suo destino. Altri uomini supereranno il momento grigio ed amaro, dove il tradimento vuole imporsi.

Andate avanti sapendo che, molto presto, si apriranno grandi viali attraverso cui passerà l’uomo libero, per costruire una società migliore.

Viva il Cile, viva il popolo, viva i lavoratori!

Queste sono le mie ultime parole, ho la certezza che il sacrificio non sarà vano.

Ho la certezza che, per lo meno, ci sarà una punizione morale che castigherà la vigliaccheria, la codardia e il tradimento.”

(Ultimo discorso di Salvador Allende a Radio Magallanes, 11 settembre 1973)

The Story of Goldilocks and the Three Bears

10 settembre 2009

GoldilocksONCE upon a time there were Three Bears, who lived together in a house of their own, in a wood. One of them was a Little, Small, Wee Bear; and one was a Middle-sized Bear, and the other was a Great, Huge Bear. They each had a pot for their porridge, a little pot for the Little, Small, Wee Bear, and a middle-sized pot for the Middle Bear, and a great pot for the Great, Huge Bear. And they each had a chair to sit in; a little chair for the Little, Small, Wee Bear; and a middle-sized chair for the Middle Bear; and a great chair for the Great, Huge Bear. And they each had a bed to sleep in; a little bed for the Little, Small, Wee Bear; and a middle-sized bed for the Middle Bear; and a great bed for the Great, Huge Bear.

One day, after they had made the porridge for their breakfast, and poured it into their porridge-pots, they walked out into the wood while the porridge was cooling, that they might not burn their mouths, by beginning too soon to eat it. And while they were walking, a little old Woman came to the house. She could not have been a good, honest old Woman; for first she looked in at the window, and then she peeped in at the keyhole; and seeing nobody in the house, she lifted the latch. The door was not fastened, because the Bears were good Bears, who did nobody any harm, and never suspected that anybody would harm them. So the little old Woman opened the door, and went in; and well pleased she was when she saw the porridge on the table. If she had been a good little old Woman, she would have waited till the Bears came home, and then, perhaps, they would have asked her to breakfast; for they were good Bears — a little rough or so, as the manner of Bears is, but for all that very good-natured and hospitable. But she was an impudent, bad old Woman, and set about helping herself.

So first she tasted the porridge of the Great, Huge Bear, and that was too hot for her; and she said a bad word about that. And then she tasted the porridge of the Middle Bear, and that was too cold for her; and she said a bad word about that, too. And then she went to the porridge of the Little, Small, Wee Bear, and tasted that; and that was neither too hot nor too cold, but just right; and she liked it so well that she ate it all up: but the naughty old Woman said a bad word about the little porridge-pot, because it did not hold enough for her.

Then the little old Woman sate down in the chair of the Great, Huge Bear, and that was too hard for her. And then she sate down in the chair of the Middle Bear, and that was too soft for her. And then she sate down in the chair of the Little, Small, Wee Bear, and that was neither too hard, nor too soft, but just right. So she seated herself in it, and there she sate till the bottom of the chair came out, and down she came, plump upon the ground. And the naughty old Woman said a wicked word about that, too.

Then the little old Woman went upstairs into the bed-chamber in which the three Bears slept. And first she lay down upon the bed of the Great, Huge Bear; but that was too high at the head for her. And next she lay down upon the bed of the Middle Bear, and that was too high at the foot for her. And then she lay down upon the bed of the Little, Small, Wee Bear, and that was neither too high at the head nor at the foot, but just right. So she covered herself up comfortably, and lay there till she fell fast asleep.

By this time the Three Bears thought their porridge would be cool enough, so they came home to breakfast. Now the little old Woman had left the spoon of the Great, Huge Bear, standing in his porridge.

‘Somebody has been at my porridge!’

said the Great, Huge Bear, in his great, rough, gruff voice. And when the Middle Bear looked at his, he saw that the spoon was standing in it, too. They were wooden spoons; if they had been silver ones, the naughty old Woman would have put them in her pocket.

‘Somebody has been at my porridge!’

said the Middle Bear in his middle voice.

Then the Little, Small, Wee Bear looked at his, and there was the spoon in the porridge-pot, but the porridge was all gone.

‘Somebody has been at my porridge, and has eaten it all up!’

said the Little, Small, Wee Bear, in his little, small, wee voice.

Upon this the Three Bears, seeing that someone had entered their house, and eaten up the Little, Small, Wee Bear’s breakfast, began to look about them. Now the little old Woman had not put the hard cushion straight when she rose from the chair of the Great, Huge Bear.

‘Somebody has been sitting in my chair!’

said the Great, Huge Bear, in his great, rough, gruff voice.

And the little old Woman had squatted down the soft cushion of the Middle Bear.

‘Somebody has been sitting in my chair!’

said the Middle Bear, in his middle voice.

And you know what the little old Woman had done to the third chair.

‘Somebody has been sitting in my chair and has sate the bottom out of it!’

said the Little, Small, Wee Bear, in his little, small, wee voice.

Then the three Bears thought it necessary that they should make further search; so they went upstairs into their bed-chamber. Now the little old Woman had pulled the pillow of the Great, Huge Bear out of its place.

‘Somebody has been lying in my bed!’

said the Great, Huge Bear, in his great, rough, gruff voice.

And the little old Woman had pulled the bolster of the Middle Bear out of its place.

‘Somebody has been lying in my bed!’

said the Middle Bear, in his middle voice.

And when the Little, Small, Wee Bear came to look at his bed, there was the bolster in its right place, and the pillow in its place upon the bolster; and upon the pillow was the little old Woman’s ugly, dirty head — which was not in its place, for she had no business there.

‘Somebody has been lying in my bed — and here she is!’

said the Little, Small, Wee Bear, in his little, small, wee voice.

The little old Woman had heard in her sleep the great, rough, gruff voice of the Great, Huge Bear; but she was so fast asleep that it was no more to her than the roaring of wind or the rumbling of thunder. And she had heard the middle voice of the Middle Bear, but it was only as if she had heard someone speaking in a dream. But when she heard the little, small, wee voice of the Little, Small, Wee Bear, it was so sharp, and so shrill, that it awakened her at once. Up she started; and when she saw the Three Bears on one side of the bed, she tumbled herself out at the other, and ran to the window. Now the window was open, because the Bears, like good, tidy Bears as they were, always opened their bed-chamber window when they got up in the morning. Out the little old Woman jumped; and whether she broke her neck in the fall; or ran into the wood and was lost there; or found her way out of the wood, and was taken up by the constable and sent to the House of Correction for a vagrant as she was, I cannot tell. But the Three Bears never saw anything more of her.

Hush a bye baby…

5 settembre 2009
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Hush-a-bye, baby, on the tree top,

When the wind blows the cradle will rock;

When the bough breaks the cradle will fall;

Down will come baby, cradle and all.

(Anonimo)

Tratto da: The Dorling Kindersley Book of Nursery Rhymes (2000)

Sullo scoglio una sera

27 agosto 2009
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scogliomareluna

Sera, piuttosto tardi, di quelle sere che ti convincono che l’estate è ormai alla fine. Si è spento il chiacchiericcio continuo delle persone che siedono sul molo in cerca di un po’ di fresco; il sole, stanco di aver provveduto a ravvivare l’aspetto degli umani, lascia il posto alla notte limpida dei mesi più freddi; anche il vento è più denso, meno alitoso, e fa sbattere le drizze contro gli alberi delle barche a vela, un mantra pacato e riposante che incanta.

Cammino sul molo con la sacca delle canne sulle spalle, la cassetta degli attrezzi da pesca in una mano, il secchio nell’altra. Spero che il mio scoglio preferito sia libero e già assaporo una nottata di pesca in tranquillità, fumando qualche buon Antico Toscano mentre tengo d’occhio la flebile luce degli Starlite sul cimino delle canne, pronto a scattare per la ferrata ad ogni minimo movimento.

Arrivato sul frangiflutti, in fondo all’antico molo, vedo che il mio caro scoglio è libero ma, nonostante questo, accelero il passo come se temessi che all’ultimo momento sbucasse un pescatore dal nulla e mi occupasse la postazione.

Mi inerpico sulle pietre, alcune veramente appuntite, altre scivolose, ed arrivo sul luogo.

Poso a terra la sacca, con delicatezza perché i mulinelli sono delicati, sistemo per terra la cassetta, in modo che non ruzzoli giù in mare con tutta l’attrezzatura, lo zaino con l’acqua ed i panini, il secchio ed inizio la fase preparatoria, non prima però di essermi rivolto verso il mare, con gli occhi chiusi, ed aver inspirato i profumi che il lieve maestrale porta con sé.

Faccio per aprire la sacca delle canne quando mi pare di udire delle voci, o meglio, una specie di lieve sussurro.

Mi fermo e resto un attimo in ascolto, fermo.

Il sussurro è una voce femminile, sicuramente non un soprano, un contralto piuttosto. Un sussurro, pieno ma scuro nel timbro, che risuona alternandosi con lo sciacquettio delle onde di marea contro le pietre.

Rimango immobile, colpito dalla particolare risonanza del momento. So che dovrei fingere di non sentire e continuare ciò che sto facendo, anzi mostrandomi chiaramente per indurre chiunque fosse ad accorgersi di essere ascoltata.

Ma stranamente rimango lì, anzi, mi siedo piano.

La voce femminile adesso è sostituita da un’altra, maschile. Una voce normale, direi. Non saprei come altro definirla, una voce come milioni di altre udite nella mia vita.

Mi volto in giro, non vedo nessuno intorno, neppure i pescatori che solitamente si incontrano su questa scogliera. Del resto le previsioni di marea, le meteo e la luna davano una notte del tutto inadatta alla pesca e forse è stata una forzatura venire a pescare ma questa volta non avrei rinunciato per niente al mondo alla quiete ed alla pace che infonde il mare di notte.

Ma le voci, a meno di un serio problema di salute mentale che, devo dire, per un attimo ho temuto, da qualche parte devono provenire.

Decido così di affacciarmi pian piano, in silenzio, sulla serie di scogli più in basso, vicino al mare, altrimenti nascosta dalle pietre superiori.

Scorgo un’ombra, anzi sono due, molto vicine l’una all’altra tanto da sembrare un’unica forma.

Penso di aver scovato l’ennesima coppietta che si è appartata per fare l’amore e faccio per allontanarmi sperando di non essere stato visto – l’ultima cosa che vorrei è essere scambiato per un voyeur – quando qualcosa mi trattiene. Non è semplice curiosità. La particolare serata, insolitamente calma ma elettrica allo stesso tempo, silenziosa ma musicale, scura ma ricca di colori, unitamente al tono speciale delle voci, mi induce a non ritrarmi ma, anzi, sospendo il pensiero in attesa di un qualcosa che sento che accadrà.

Non hanno l’aria di una coppia di sposi o fidanzati. Stanno lì, semplicemente l’uno accanto all’altra, per mano.

Lui le sussurra a lungo qualcosa mentre lei ascolta con la testa china da un lato. Poi un lungo silenzio dove il mare riprende a prevalere sui suoni circostanti.

Ora è lei a parlare con quella particolare voce calda, mentre lui tiene lo sguardo fisso sul riflesso della luna sull’acqua.

Ogni tanto ridono sommessamente, di un riso che ricorda molto da vicino quello puro e semplice dei bambini che saltano sul letto di nascosto dai genitori.

Da un certo punto in poi il dialogo si fa sempre più diradato e lascia il posto ad un silenzio fatto di parole non dette, di passaggi che la parola sminuirebbe. Non so come capisco tutto questo ma è come se tutto intorno si levi un qualcosa che consente di condividere pensieri e significati anche senza parole. Io ci sono dentro, lo sento, pur non sapendo perché, ma ci sono. A tratti mi spaventa ma sono come paralizzato, con la mente che ripercorre alcuni momenti della mia vita, che si sono incastrati nella mia storia e forse nella mia anima. Mi tornano alla memoria emozioni, colori, sapori, odori e oggetti che la mia mente ha archiviato nello sgabuzzino della memoria per far posto alle cose che servono ad un adulto responsabile, saggio e conforme. Volti dimenticati; voci, persino quella di mio padre, che, pur sforzandomi, in tante altre occasioni non sono riuscito a ricordare.

E sento dentro una felicità profonda, un calore di cui mai ho percepito la fragranza come in questo particolare momento.

Ad un tratto mi viene spontaneo guardare l’orologio, sono passate quasi due ore. Sono rimasto lì, fermo, per tutto questo tempo senza accorgermi dello scorrere dei minuti.

Mi risveglio da quella specie di piacevole torpore e mi ricordo dei due sullo scoglio. Ho gli occhi un po’ annebbiati, li stropiccio e li stringo per vedere se sono ancora lì. Ci sono, non si sono mossi. Stanno lì in silenzio, anzi no, mi pare dicano insieme qualcosa, come all’unisono, un sussurro lieve.

Stanno piangendo. Non è un pianto di tristezza o di disperazione, lo so. Piangono per le cose mai dette, per ciò che non è mai stato fatto ma che adesso sanno di poter condividere totalmente, agganciati all’infinito nonostante la vita.

Mi alzo piano piano, stando attento a non far rumore, raccolgo le mie cose, indosso lo zaino dell’acqua e dei panini, chiudo la cassetta, metto la sacca delle canne sulla spalla e prendo il secchio.

Dò un ultimo sguardo al mare lievemente increspato per la marea ed ai riflessi della luna sempre più bassa sull’orizzonte.

Mi volto e m’incammino passando da uno scoglio all’altro verso la strada del ritorno.

Non mi interessa più pescare, per stanotte.

Torno a casa.

E mi accorgo che sto piangendo.